Los bailarines del Thomas Armour Youth Ballet participan en una actuación.

Courtesy Gregory Reed

Del Ballet a los Programas Virtuales con el fin de Detener el Retroceso de Verano

La programación de verano en el Thomas Armour Youth Ballet se centrará en mantener a los niños en el grado que les corresponde

Las cosas se mueven rápido en el Thomas Armour Youth Ballet, y no solo nos referimos a las clases de baile.

Desde mediados de marzo, el programa de baile que durante las últimas dos décadas ha desarrollado cuatro programas de extensión escolar en vecindarios de bajos ingresos de Miami, comenzó su transición para brindar servicios virtuales a las cerca de 1,000 familias que toman parte.

Y aunque esta escuela ha sido un modelo de cómo evolucionar con éxito durante la pandemia, tanto el personal como los administradores esperan con ansias la llegada del verano cuando se espera que la sociedad se enfrente a un nuevo desafío relacionado con el coronavirus. Este tiene que ver con la tendencia entre los estudiantes a que disminuya la capacidad de lectura y otras habilidades académicas durante los meses de verano cuando la escuela suele estar cerrada.

“Estamos muy preocupados por el tradicional “retroceso” de verano y por el hecho de que las cosas serán aún más difíciles este año”, indicó Ruth Wiesen, directora artística ejecutiva.

Afortunadamente, los casi dos meses de experiencia que tiene el programa en la oferta de programas virtuales para después de la escuela le serán de utilidad para aplicarla a la programación de verano. Los integrantes del personal y los instructores han acumulado experiencia para trabajar con las herramientas digitales necesarias para relacionarse con los estudiantes y entusiasmarlos. Además, los niños y sus familias ya han recibido los dispositivos para poder hacer un buen uso de la programación.

Sin embargo, más allá del equipo y la destreza adquirida, Wiesen estima que, en el objetivo de llegar a los niños, los dos meses en que Thomas Armour ha prestado servicios virtuales han demostrado lo que funciona verdaderamente y lo que no funciona.

“Si la programación no es interesante, muchos niños que ya tienen dificultades en las clases virtuales no se inscribirán”, apuntó Wiesen. “Ya conseguimos hacer que las cosas resultaran interesantes, pero en el verano tendremos que aumentar el factor diversión y entusiasmo. El verano será un verdadero reto”.

Yolando Washington recordó que, cuando la pandemia obligó a cerrar las escuelas por primera vez, a su hija le preocupaba separarse de sus amigos. “(Ahora) espera reunirse con sus compañeros y el personal de la escuela a través de Zoom ... y verlos a todos de manera virtual”, indicó Washington.

La escuela de Ballet Thomas Armour busca constantemente formas de hacer más atractivos el aprendizaje y el resto de las actividades. Por ejemplo, las tareas escolares se presentan como juegos, hay sesiones especiales para leer cuentos a los niños y se incorporan numerosas actividades para que el conocimiento transite de forma útil y divertida. Durante el verano, también se desarrollarán excursiones virtuales para que los estudiantes tengan la oportunidad de “visitar” y “conocer” diferentes lugares, aunque no puedan desplazarse físicamente hasta allí.

Wiesen considera que las nuevas realidades del aprendizaje a distancia han afectado el tipo de conexión personal entre instructores y estudiantes. Al mismo tiempo, de alguna manera la pandemia ha posibilitado que la escuela se asome un poco a la vida de sus estudiantes.

“Puedes ver muchísimo dentro sus hogares. Quién viene y va, las condiciones en las que viven. Recibimos una información que usualmente no tenemos”, indicó.

Para los estudiantes, el vínculo con los maestros y otros participantes resulta tan importante, desde el punto de vista social, como el mismo aprendizaje. “Les falta esa conexión personal. No solo con los maestros sino también con otros niños”, afirmó Wiesen.

“Me gusta mucho el programa. Les permite a mis niñas mantenerse en contacto con sus amigos y el personal de la escuela. Los maestros trabajan con los mismos materiales y al mismo ritmo que si estuvieran en clase de manera presencial”, manifestó el Sr. Charles, padre de dos estudiantes.

Carina Fernández, quien también tiene dos hijas en el Thomas Armour, está de acuerdo.

“Ha sido de enorme ayuda para mi familia que el programa siga brindando actividades en línea. Mis hijas han podido ponerse en contacto con sus compañeros y maestros. Eso les ha ayudado a afrontar las restricciones impuestas por la cuarentena”, indicó

Y aunque el programa ha cambiado sus prioridades para centrarse en el aprendizaje y la participación desde que la pandemia ha tomado el centro del escenario, no piense que la instrucción de ballet y danza se ha quedado atrás. Claro, los desafíos son nuevos, pero la alegría solo alcanzada a través del baile es la misma.

"Ha sido muy difícil enseñar danza. Todo tiene que hacerse en su lugar, en diferentes superficies, algunas seguras, otras no y todas en un área cuadrada de 4x4 ”, dijo Wiesen. "Aún así, los estudiantes aprecian poder bailar".

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